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sábado, 16 de enero de 2010

De fregonas, maletas, SGAE y ministra de Cultura



Yo no lo tengo tan claro como parece que lo tiene el que fuera presidente de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que en un artículo publicado en el diario El Pais deja la duda encima de la mesa sobre la necesidad y oportunidad del Gobierno de "ponerle puertas" a Internet siguiendo las "directrices" de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). Pero volviendo al citado artículo, si obviamos su comienzo, el resto es bastante interesante, por eso lo dejo aquí para disfrute de nuestros lectores. Una cosa señoría, no pienso pagar derechos de autor, porque me acojo a la "enmienda" del propio autor del escrito que dice textualmente: "Lo que yo estoy escribiendo en este momento, ¿no es la consecuencia de lo que hablan y razonan millones de personas? ¿Cuáles son los derechos que me corresponden como autor de un escrito que es la consecuencia de la influencia de miles de escritos y reflexiones? ¿Entre cuántos tendría que repartir mis derechos de autor?" Lo dejamos así y como diría un humorista, que espero no me cobre derechos de autor: "Las gallinas que entran, por las que salen".

En el citado texto, tras argumentar algunos avances realizadospor la humanidad que no hubieran sido posibles sin algunos otros que ya eran de uso común: "Hubo alguien que inventó la fregona para, en el tiempo del machismo recalcitrante, poner a la mujer de pie en lugar de rodillas a la hora de fregar el suelo, y también existió alguien que inventó la maleta de dos ruedas (...). Ambos inventos vinieron precedidos de otras cuatro genialidades: algunos inventaron el palo, otros el trapo, otros la rueda y otros la maleta. La ocurrencia del de la fregona y del de la maleta de ruedas consistió en unir en un mismo artefacto el palo y el trapo por una parte, y las ruedas y la maleta por otra".

El autor se pregunta ante esto: "¿Le corresponde algún tipo de propiedad intelectual al inventor de la fregona y al inventor de la maleta de ruedas? Sus creaciones no surgieron de la nada, puesto que unieron dos cosas que ya existían y que, antes que ellos, alguien inventó. Y siguiendo el razonamiento, seguro que antes del de la rueda o del de la maleta, del trapo o del palo, ya hubo alguien que inventó algo que sirvió para que esos artilugios pudieran mezclarse".

Rodríguez Ibarra va más allá al considerar que "Eso que acabo de describir y que permite discutir, cuando no negar, la propiedad intelectual, no ocurre sólo con esos inventos, sino que es la forma que tiene la humanidad de acercarse al proceso de creación. Por eso, resulta chirriante escuchar a algunos creadores musicales y cinematográficos españoles cuando hablan, hasta la náusea, de sus creaciones y de su propiedad intelectual, dañada, según ellos y la SGAE, por la piratería informática. ¿Acaso cuando alguien compone una balada, de cuya autoría reclama la propiedad intelectual, no está creando algo sobre creaciones anteriores o contemporáneas a él? ¿No hubo antes que él alguien que escribió la primera balada de la historia? Es imposible imaginar que una creación de ese tipo se sostiene sobre la nada o sobre el vacío. Cuando alguien compone una melodía del tipo que sea, ¿no está influido por todo lo que ha escuchado, leído y visto a lo largo de su vida?". Por lo que el autor asegura: "¿Alguien puede decir que lo que ha creado no es el producto de sus influencias?"

El ex presidente de la Junta de Extremadura sigue argumentando que "Si la propiedad intelectual es discutible e incluso se puede negar desde una concepción de izquierdas, no niego que, por juntar palabras que no son nuestras o por unir imágenes que tampoco lo son, se tenga derecho a recibir algún tipo de remuneración en forma de lo que se conoce como derecho de autor, y para ello mi propuesta es la siguiente: 1. Tomar como punto de referencia el importe de ingresos por compensación por copia privada que se ha recaudado con la legislación vigente en los últimos tres años. 2. Que esa cantidad, con las sucesivas actualizaciones, sea garantizada por el Estado para la industria cultural nacional. 3. Que esa cantidad sea repartida entre los creadores de forma transparente, es decir, que se haga en función de los ingresos declarados por venta de sus obras en las respectivas declaraciones de la renta. 4. Que en la declaración de la renta de todos los ciudadanos figure una casilla para destinar una parte de los impuestos a compensar la copia privada"

Para Rodríguez Ibarra: "En una sociedad en la que un chico de quince años es capaz de introducirse en los archivos del Pentágono norteamericano con su ordenador, ¿cuánto tiempo calcula la Ministra de Cultura que iban a tardar en aparecer mil páginas en Internet por cada una que cerrara una comisión ministerial o un juez?".

Pues eso, que como dijo Ramón de Campoamor: "Y es que en este mundo traidor, no hay verdad ni mentira: todo es según el cristal con que se mira".








1 comentario:

angel dijo...

Me da en la nariz, que; hay unas manos negras que quieren apoyar aún más si cabe, la dichosa ley de Internet, o a lo mejor, es que no se atreven a enfrentarse los "barones" abiertamente a discutir dicha ley internamernte. Esperemos que al menos los neófitos como yo, nos podamos ir sacudiendo las pulgas, y no digamos las finas plumas que escriben, por ej. en ésta Gacetilla.

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