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martes, 9 de marzo de 2010

La crisis y su efecto sobre las mujeres

Cuadro de Eusebio Gómez pulsar aquí
Las grandes cifras económicas hablan de que el empleo femenino se ha visto menos afectado por la grave crisis económica que padecemos, que el empleo masculino pero, una vez más, estas grandes cifras vuelven a “invisibilizar” la realidad de la mujer en el trabajo. Así se desprende de un magnífico informe, de Laura Arroyo, Amparo Merino, María José Romero y Elvira S. Llopis, que bajo el título de “Los efectos de la crisis sobre las mujeres: empleo, segregación ocupacional”, se ha realizado para la Fundación 1º de Mayo de CCOO, que preside Rodolfo Benito. (Ver trabajo).

Según este informe, aunque es cierto que estadísticamente el empleo femenino se ha resentido menos que el masculino en esta crisis, estas certeza “se basa sobre otra, a saber, aquella que nos habla de la intensa segregación ocupacional y sectorial de que hemos sido objeto las mujeres, que no hace sino poner de manifiesto la persistencia de la discriminación en el ámbito laboral”.

Y es que, “en la medida en que la destrucción de empleo ha afectado primordialmente a la construcción residencial y a la industria, sectores en los que la participación laboral de las mujeres es o bien testimonial (en el primero de los casos) o no alcanza el 25% (en el caso de la industria), y lo ha hecho en mucha menor medida en el sector servicios donde la presencia de mujeres ocupadas es mucho más que significativa”. A pesar de todo esto “el paro femenino, que sigue estando por encima del masculino, también se ha incrementado en un 5,2%, un dato que no se ha comentado mucho”.

Curiosamente estamos ante lo que las autoras denominan “el efecto de las grandes cifras” y se preguntan: “¿Por qué las cifras referidas a mujeres siguen siendo las pequeñas cifras”? “No se ha comentado, a pesar de ser bien significativo, que la tasa de actividad femenina se ha incrementado desde el tercer trimestre de 2008 hasta el mismo trimestre de 2009 en un 1,1% (manteniendo todavía un diferencial negativo con respecto a la tasa media de los países centrales de la UE), permaneciendo, a pesar de ello, 17,6 puntos por debajo de la de los varones, cuya tasa de actividad sí ha decrecido en un punto porcentual en el mismo periodo”, señala el informe.

Para las autoras, “esa concepción del empleo de las mujeres como friccional, genera como es sobradamente sabido, una segmentación del mercado de trabajo que relega a las mujeres a empleos escasamente retribuidos y escasamente protegidos”. “Sin embargo, cuando los ingresos que hemos denominado  principales decrecen y, en un contexto de endeudamiento general de las familias, no es posible hacer frente a los gastos, el umbral que define el coste de oportunidad se rebaja, las mujeres incrementan su capacidad  para hacer frente a la actividad productiva y a la actividad reproductiva a la vez que ésta se incrementa también, en la medida en que se restringe el gasto de comprar en el mercado bienes y servicios que ahora vuelven a producirse, de manera económicamente invisible, en el hogar”.

Y para muestra basta un botón: “El incremento de la población activa femenina que se ha producido entre 2008 y 2009 se corresponde con una disminución de las mujeres inactivas que, según datos de la EPA, se cifra en 480.000 mujeres, cuya causa de inactividad era dedicarse a las denominadas labores del hogar. En el mismo periodo, el número de hombres inactivos por la misma causa apenas se incrementó en 53.000, el gasto público en educación crecía el 1,9% (la mitad del incremento de los PGE), y el gasto público en dependencia, que en términos porcentuales experimentó un incremento muy sustantivo, contaba con la promesa de acceder a las prestaciones a las que se pudiera tener derecho en el plazo máximo de un año”. Así pues, “esta salida a la desesperada de las mujeres en búsqueda de empleo repercutirá además, sin duda, en las condiciones y la calidad del mismo”.

Según el informe “no deja de ser cierto que el empleo ocupado por mujeres (que no “empleo femenino”), ha mostrado una menor vulnerabilidad frente a los primeros momentos de la crisis económica que el empleo ocupado por los hombres. En 2008, cuando la ralentización en el crecimiento económico supuso un crecimiento del Producto Interior Bruto de tan sólo un 1,2% con respecto al año anterior, la tasa de empleo masculina decreció, con relación a 2007 en 2,4 puntos porcentuales, en tanto la tasa de empleo femenina continuaba su crecimiento pese a ser éste muy exiguo: 0,3 puntos con respecto al año anterior”.

Pero esta aparente posición ventajosa del empleo de las mujeres en plena crisis hay que analizarlo detenidamente. Según las autoras el “crack” de la construcción ha generado gran parte del paro masculino por ser un sector eminentemente masculinizado Las mujeres en el trabajo han sido “objeto de una fuerte segregación ocupacional” que es una constante “tanto en la Unión Europea como en España”.

Para las autoras, “las mujeres presentan una mayor presencia en determinados sectores de actividad, que no necesariamente coinciden con una mayor presencia de varones, lo que pone de manifiesto que esa concentración no obedece a una distribución en función de la cantidad de empleo disponible, sino de una preferencia selectiva en función del sexo, bien sea ejercida por las empresas, bien lo sea por las propias mujeres, que no tienen formación adecuada para desempeñar determinadas ocupaciones (lo que no es sino fruto, a su vez, de una elección formativa que está determinada por estereotipos de género), o que renuncian, a priori, a puestos de trabajo masculinizados (lo que remite, nuevamente, a estereotipos de género socialmente construidos)”.

Así, se recoge en este informe “seis sectores aglutinan cerca del 70% del empleo femenino en al UE-25: Salud y Servicios Sociales, Comercio minorista, Educación, Administración pública, Servicios a empresas, y Hostelería y restauración. En séptimo lugar aparece la rúbrica “Empleadas de hogar”, que en el caso de España ocupa el cuarto lugar en cuanto a empleo de mujeres, aunque ese lugar está ocupado, en el cómputo global de la UE-25, por la Agricultura”.

“En el caso de los hombres, un porcentaje similar de empleo se distribuye entre 11 sectores, lo que viene a significar un abanico mayor de oportunidades de empleo para los hombres que para las mujeres. Entre los seis primeros de cada sexo únicamente coinciden tres: Comercio Minorista, Administración pública y Servicios a las Empresas; no obstante, en el caso de Comercio minorista hay que señalar que la concentración es mucho mayor en el caso de las mujeres que en el caso de los varones”, continúa el estudio.

En resumen: “las mujeres, en tiempos de crisis, incrementan notablemente su carga de trabajo”, y nos obliga a matizar mucho más acerca de las repercusiones de la crisis económica entre las mujeres”. “De no interponerse medidas que eviten esta impulsión de las mujeres hacia la búsqueda de cualquier empleo, se persistirá en la negativa situación de la mano de obra femenina en el mercado de trabajo, en las condiciones y la calidad del mismo”.

En definitiva, concluye el informe, la igualdad real “debe formar parte del cambio por razones de justicia social, pero también de eficiencia económica: el “capital humano” que pueden incorporar las mujeres en un mercado de trabajo no discriminatorio, en el que tengan acceso a todos los puestos de trabajo, a todas las categorías laborales, en igualdad de condiciones laborales y retributivas, no hará sino incrementar también la calidad de los propios procesos productivos y la competitividad de las empresas”.

1 comentario:

angel dijo...

Quisiera felicitar muy efusivamente, a todas las mujeres, en el Día de la Mujer Trabajadora, que aqdemás de "curranta", es esposa, madre, amante, y con un espíritu batallador increible. Ya s´que fué ayer, pero estuve pernoctando en mí coche, en la gran nevada en Catalunya.

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